En anteriores números, hablamos de la fundación del primer reino coreano de la mano del rey Dangun Wanggon, pero hoy os hablaremos del mito fundacional y las creencias que durante un tiempo rodearon a su persona. Obviamente, este relato que se contaba antiguamente no tenía otro propósito que el de entretener y explicar de dónde venían sus ancestros y los primeros coreanos propiamente dichos.

Mausoleo del Rey Dangun en un sello

Hwan Ung, hijo del “emperador celestial” Hwanin, deseaba gobernar el mundo terrenal. Al enterarse de esto su padre le hizo descender con más de tres mil personas a la cima del monte T’aebaek. Hwanung encargó a los dioses de la lluvia, de la nube y del viento la administración y creación de todos los trabajos de la sociedad humana como la agricultura o la construcción, pero también la justicia o la medicina.

En la cima del monte se encontraron una osa y un tigre que vivían juntos, (históricamente se cree que Dangun unificó varias tribus las cuales tenían a estos animales como tótemes), quienes rogaron a Hwan Ung poder ser humanos. Entonces les dio ajo y artemisa, diciéndoles que para lograrlo debían comerlo y no ver la luz del sol durante cien días. El tigre no cumplió la promesa, no obstante, la osa sí lo hizo y se convirtió en una mujer que se desposó con Hwan Ung. Fruto de esta unión nació Dangun del que se dice que gobernó el nuevo reino Gojoson durante 1.500 años y que vivió 1.908 años.

 

Esta historia nos aproxima a la forma de pensar de las gentes de la antigüedad buscando justificar y glorificar al rey fundador al igual que se hace en el resto de países occidentales , por ejemplo el mito de Rómulo y Remo.

La tumba de Dangun fue descubierta en Pyongyang a finales del siglo XX donde 5 milenios atrás había fundado su reino. Actualmente tanto la tumba como “El mito de Dangun” están registrados como bienes culturales del Estado.

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