Su negativa a renegar de su ideología le hizo pasar 34 años preso en el Sur de Corea y 41 años sin poder regresar al norte, lo que convirtió a Ri In Mo en símbolo de la fe y la voluntad de la RPD de Corea


Cuando hablamos de resistencia y de injusticia, a todos los ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea solo les viene un nombre a la cabeza: Ri In Mo, un periodista que estuvo más de 40 años encerrado en Corea del Sur por el simple hecho de ser comunista.

Ri In Mo nació en 1917, en la pequeña aldea de Kimhyonggwon. Allí vivía su familia campesina bajo el dominio imperial japonés. Estos obligaban a Ri a trabajar de sol a sol y, apenas siendo un niño, vio que aunque trabajase todo el día, toda la cosecha iba para los japoneses mientras su familia apenas tenía para comer. Esta situación le hizo interesarse cada vez más por el comunismo, hasta que finalmente decidió alistarse en las filas de la guerrilla comunista. Allí luchó durante años.

Tras la liberación de Corea de la ocupación japonesa, Ri In Mo dejó todo lo relacionado con la guerra y se dedicó a su gran pasión: el periodismo. Estuvo años dedicándose a esta profesión, se casó y tuvo una hija. Su vida empezaba a ser como él siempre había querido.

El 25 de julio de 1950 tropas surcoreanas avanzaron en la frontera norcoreana, empezando así la Guerra de Corea. Ri In Mo, como periodista, se convirtió en corresponsal de guerra.

En el año 1952, mientras informaba de una batalla, fue capturado por las tropas surcoreanas en el Monte Miri. Inmediatamente fue trasladado a un calabozo y encarcelado por tener “vínculos con Corea del Norte”. Pensaba que sería algo temporal, pero no fue así.

Allí pasó 34 años de su vida.

Durante esos 34 años, las condiciones a las que Ri In Mo estaba sometido eran deplorables. Además, el hecho de que nunca renegara del Partido del Trabajo de Corea y de su ideología comunista le hizo ganar muchos enemigos, provocando que fuese torturado prácticamente a diario, lo cual llevó a que su salud se viese fuertemente perjudicada. Las autoridades surcoreanas llegaron hasta a ofrecerle su libertad a cambio de firmar una renuncia de sus creencias políticas. Él siempre lo rechazó.

Tras la caída de los regímenes militares surcoreanos fue puesto en libertad en 1988, pero el gobierno surcoreano siguió restringiendo sus libertades: no podía salir de Corea del Sur y no podía ejercer su trabajo como periodista. Fue marginado de la sociedad.

Finalmente y debido a su grave estado de salud, tras 40 años secuestrado en Corea del Sur, Ri In Mo pudo regresar a su país. En su llegada en avión a Pyongyang lo primero que se encontró fue a su esposa y su hija, que ya era una adulta. Durante todo ese tiempo no pudieron verse y ni siquiera escribirse.

Sus últimos años los dedicó a su familia y a una afición que no pudo desarrollar durante las 4 décadas encerrado en el sur: la escritura. Escribió 3 libros: “Encarnación de la fe y la voluntad: Notas de Ri In Mo, ex corresponsal de guerra del Ejército Popular de Corea” (1993), “Una hoja marchita que se vuelve verde” (1994) y “Mi vida y fe: memorias” (1997), además de diferentes escritos para varios periódicos en pro de la reunificación.

Falleció el 16 de junio de 2007, pero su espíritu aún no ha muerto. En la RPD de Corea es un auténtico héroe nacional y toda su vida es enseñada a los más jóvenes como ejemplo de resistencia que nunca se olvidará.

Publicado en el nº4 de la revista Saenal

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